El capital intangible y la resistencia de la empresa

Acuñado el término en 2005 tal cual hoy lo entendemos, y utilizado ya en todo tipo de estudios y estadísticas, el énfasis en el capital intangible, o capital basado en el conocimiento, parte de la consideración de que, para subsistir en el mercado, tan importantes como los gastos en I+D – cuyo valor ya nadie discute – son aquellos que se realizan en imagen, marketing, formación del personal, gestión y análisis de la información o mejoras organizativas. Y, dado que dichos gastos fortalecen a la empresa de forma permanente, deberían considerarse inversiones y no meros gastos del ejercicio donde se producen.

 

Este criterio no está aceptado todavía por nuestro Plan General de Contabilidad, lo que aún favorece más una mentalidad cortoplacista de muchos empresarios a la hora de abordar este tipo de desembolsos: si se consideran mero gasto la decisión de acometerlos se ve perjudicada. Este cambio mental y estadístico afecta también a la macroeconomía, ya que implicaría un aumento del valor añadido bruto del país; contrariamente a lo deseable, los estudios de simulación realizados con este criterio para el sector privado concluyen que el incremento del VAB español sería sólo de un 5,8%, frente a la media del 9,2% de la Europa de los 15[1].

 

Todo esto coloca a nuestras empresas en el furgón de cola en cuanto a inversión en intangibles, sólo invierten en éstos un tercio de lo que invierten en activos tangibles, siendo especialmente desventajosa nuestra inversión en competencias económicas (publicidad, estudios de mercado, capital humano y estructura organizativa), ligadas directamente a la calidad de la gestión empresarial. Cuando la fortaleza en capital de conocimiento se considera cada vez más relevante para el crecimiento de una economía desarrollada, es fundamental que nuestras empresas que se animen a invertir en intangibles y que las administraciones pública lo incentiven.

 

En esta línea, en 2015 publicó la OCDE su último informe bianual sobre el impacto en las empresas de las inversiones en ciencia y tecnología[2]. Mientras está pues en el horno el siguiente, es bueno recordar las conclusiones que de él se derivan para las empresas:

 

  • La inversión en capital basado en conocimiento se intensifica y demuestra ser resistente a la crisis, aumentando en todos los sectores de la economía.
  • Una nueva generación de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), como las relacionadas con el Internet de las Cosas, los datos masivos (“big data”) y la computación cuántica, más una ola de invenciones en salud y materiales avanzados están sentando las bases para transformaciones profundas en la forma en que vamos a trabajar y vivir en el futuro. Todas estas innovaciones abren la vía para la próxima revolución de la producción.
  • En 2012, las 2,000 empresas más activas en I+D acumularon más del 90% de la I+D empresarial total. De esas 2,000 empresas, 250 multinacionales representaron el 70% del gasto en I+D, el 70% de las patentes y casi el 80% de las patentes relacionadas con las TIC, así como el 44% de las solicitudes de registro de marcas. El tamaño empresarial marca la capacidad innovadora.
  • Las empresas exitosas invierten en la cualificación de sus trabajadores. Las capacidades organizativas de las empresas ‑ concretamente la capacidad para gestionar la producción en las cadenas globales de valor, la cualificación de los trabajadores y las funciones que realizan‑ están entre causas más importantes del desempeño de las empresas y de su habilidad de triunfar en los mercados mundiales. La formación específica de la empresa permite a los trabajadores hacer frente al cambio ayudándolos al mismo tiempo a mejorar la productividad.
  • El acceso a mercados exteriores requiere tanto de costes competitivos como de cuotas relativamente altas de trabajadores de alta cualificación.

 

Por otra parte, estudios realizados recientemente sobre el comercio mundial de productos intermedios (proyecto World Klems) arrojan el resultado de que la inversión en intangibles de I+D en conjunción con las TIC son las fuentes principales de crecimiento económico, convirtiéndose en un factor clave para el futuro.

 

La experiencia de gestión empresarial avala este punto de vista. Tener las mejores instalaciones productivas no garantiza el éxito de la empresa si no van acompañadas de inversión en la creación de marca o comunicación con la clientela, capacidad de análisis del comportamiento del mercado, cualificación del personal y un sistema de organización que consiga la eficiencia. En definitiva, las empresas preparadas para la salida de la crisis han de conjugar tanto la inversión en activos materiales como en los activos inmateriales que consiguen de los primeros la máxima utilidad.

 

[1] Informe sobre Activos Intangibles de la Fundación Telefónica, año 2014.

[2] OECD SCIENCE, TECHNOLOGY AND INDUSTRY SCOREBOARD 2015 – ISBN 978-92-64-239784 © OECD 2015

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