El tándem tamaño + calidad empresarial. El tamaño de las empresas está relacionado con la calidad directiva.

El tamaño de las empresas está relacionado con la calidad directiva. En el siglo XXI, las pymes valen más en función de los intangibles que poseen.

En los foros empresariales, informes prestigiosos (como el Anual del Banco de España de 2015) y en el mundo académico se habla sin falso recato de la necesidad de ganar en tamaño en las empresas españolas para poder mejorar la competitividad de nuestra economía. Es ya por fin una idea comúnmente aceptada de que sin tamaño suficiente en las empresas no se puede innovar, exportar, mejorar la productividad, atraer y retener el talento o financiarse adecuadamente. Abundando en esta línea, pasa sin embargo más inadvertido lo que, en mi opinión, es un tema nuclear: la relación entre el tamaño empresarial y la calidad directiva en nuestras empresas.

La calidad empresarial no es únicamente un asunto de procedimientos y certificaciones. En el siglo XXI, las empresas valen más cuantos más activos intangibles tienen. Disponer de activos tangibles es únicamente cuestión de dinero, mientras que adquirir conocimiento, tener una buena organización y gozar de la consideración de clientes y proveedores requiere de talento directivo y tiempo.

Sin embargo, gestionar con éxito los activos intangibles requiere de un capital directivo que la pyme no siempre puede o quiere tener, lo que origina un círculo vicioso entre la dimensión empresarial y la capacidad directiva del empresario, potenciado por la relación directa entre propiedad familiar y empresas pequeñas.

En muchas ocasiones, el empresario tiene aversión al crecimiento por el miedo a no poder lidiar con las exigencias derivadas del mayor tamaño: mayor representación sindical, mayores requisitos de control contable, mayor aportación de fondos propios y necesidad de crear un equipo directivo profesional.

Sin embargo, los mejores resultados y estabilidad de las empresas más grandes, que nadie puede ignorar, son en mi opinión una prueba irrefutable de que esas posibles pegas se ven compensadas con creces, de hecho son fuente de mejora de la gestión. Por lo tanto, el miedo al crecimiento es subjetivo, de mentalidad, y lo marca la capacidad de control personal por parte del empresario, que sólo crece hasta el punto en el que ha de delegar la función de dirección, del poder, fuera del ámbito familiar. Esto impide incorporar en la empresa el capital directivo suficiente para ganar en tamaño, en valor a través del capital intangible y en productividad.

Para romper esta barrera psicológica es útil la actuación de las administraciones públicas, tanto mediante programas de formación y divulgación que faciliten el cambio cultural como de apoyo para hacer más asequibles a la pyme los costes específicos del crecimiento, tanto de los derivados del apoyo técnico que se necesita como de los fiscales, ya sea para la adquisición de otras empresas o para el crecimiento interno mediante el impulso de nuevos proyectos.

En esta línea, el ya citado informe del Banco de España recomienda la mejora de la capacitación profesional de trabajadores y empresarios. De la primera se viene hablando tradicionalmente, pero no así tanto de la segunda, cuando en realidad la gestión empresarial tiene su propia tecnología; en nuestro mundo global, gestionar una empresa requiere de habilidades cognitivas y de capacidades interactivas, estratégicas, operativas y de control, que es lo que viene a constituir su capital directivo y permite una gestión de calidad. Nuevamente aquí los indicadores disponibles sobre calidad gerencial tampoco arrojan buenas posiciones para España, que queda en la posición décimo octava del World Management Survey correspondiente a 2014, inferior a las de Alemania, el Reino Unido, Francia o Italia, economías con las que queremos compararnos.

Necesitamos por lo tanto un mayor dinamismo empresarial, que impulse a las empresas pequeñas a ser medianas y a éstas a ser más grandes, todo ello con el catalizador del capital directivo.

Lo contrario nos condenará a seguir en la senda del minifundismo empresarial, que nos aleja de la productividad y de la supervivencia empresarial de otros países de nuestro entorno. En conclusión, sin capital directivo no hay posibilidad de crecimiento empresarial, y sin crecimiento empresarial no se incrementará la productividad del conjunto de nuestra economía.

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El tandem tamaño y calidad

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